Notas al programa – 4.5.2013

Nada acertado se puede decir en pocas líneas sobre Johann Sebastian Bach, cuya extensísima obra supone la cumbre de la música barroca y quizá de toda la historia de la música escrita. Fuente de inspiración y aprendizaje para todos los compositores posteriores hasta nuestros días, la música de Bach reúne en sí todas las técnicas compositivas y estilos que se empleaban en su época. Cultivó todos los géneros y llevó varios instrumentos al máximo de sus capacidades técnicas y expresivas, como es el caso del órgano, el clave o el violín, que conocía bien, y también del violoncello o la viola de gamba. Su obra, aunque olvidada tras su muerte con la eclosión del Clasicismo y los cambios en los gustos musicales, fue preservada por sus hijos y alumnos y comenzó a ser de nuevo apreciada en el siglo XIX, tras la publicación de una biografía por Johann Nikolaus Forkel y la reinterpretación de algunas de sus obras por Felix Mendelssohn.

La familia Bach dio muchos más músicos ilustres: el padre y tíos de Johann Sebastian lo eran, así como su hermano mayor -con quien se formó-, y también cinco de sus veinte hijos. Carl Philipp Emanuel Bach, el quinto de ellos, fue muy apreciado entre sus contemporáneos: Mozart le consideraba su “padre” artístico, y compositores como Haydn o Beethoven adoptaron muchos elementos de su lenguaje compositivo. A caballo entre el Barroco y el Clasicismo, introduce de hecho elementos precursores del Romanticismo, ya que se ve afectado por la corriente del Empfindsamer Stil (estilo de la sensibilidad), que proclama la inspiración en el sentimiento y su libre expresión. En el siglo XIX su obra fue poco considerada, ensombrecida por la de su padre, hasta que Johannes Brahms comenzó a recuperar y editar sus composiciones.

La sonata en Sol menor clasificada como BWV 1020 se ha atribuido en distintas épocas tanto a Johann Sebastian como a C. P. E. en sus comienzos. En los últimos años, la investigación ha concluido que no es de ninguno de ellos, sino de otro de los hijos o alumnos de Johann Sebastian. Del mismo modo, no se sabe si estaba pensada para flauta, violín u otro instrumento melódico, como el oboe.

Hacia 1720, Bach servía en la corte de Cothen, cuyo príncipe Leopoldo era un buen intérprete de viola de gamba. Parece que es entonces cuando compone para este instrumento el sexto concierto de Brandemburgo, y tres sonatas, de las cuales la BWV 1029, en Sol menor, es la última.

En las dos sonatas que escucharemos, el clave realiza el bajo y también una voz melódica, por lo que son realmente trío sonatas, a tres voces (el instrumento solista, la mano derecha del clavecinista, y el bajo). Se sospecha que la sonata BWV 1029 fuese un arreglo del propio Bach de una obra anterior para dos instrumentos melódicos y bajo continuo.

C.P.E. compuso tres cuartetos para para flauta, viola, violoncello opcional y clave, publicados el año de su muerte aunque escritos varias décadas antes a juzgar por su estilo: quizá durante su estancia en la corte de Prusia, donde produjo muchas obras con flauta para el rey Federico el Grande, buen intérprete de este instrumento.

Irene Benito

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