Notas al programa – 13.10.2014

Nunca es necesaria una excusa para celebrar la prolífica y genial creación musical de la familia Bach; pero el tercer centenario del nacimiento de uno de sus miembros más sobresaliente, Carl Philipp Emanuel Bach, nos da en este 2014 una razón añadida para ello.

 

Nada acertado se puede decir en pocas líneas sobre Johann Sebastian Bach, cuya extensísima obra supone la cumbre de la música barroca y quizá de toda la historia de la música escrita. Fuente de inspiración y aprendizaje para todos los compositores posteriores hasta nuestros días, la música de Bach reúne en sí todas las técnicas compositivas, estilos y géneros que se empleaban en su época, llevando instrumentos como el violín, el violoncello, el órgano o el clave al máximo de sus capacidades técnicas y expresivas. Su obra, aunque olvidada tras su muerte con la eclosión del Clasicismo y los cambios en los gustos musicales, fue preservada por sus discípulos y comenzó a ser de nuevo apreciada en el siglo XIX, tras la publicación de una biografía por parte de Johann Nikolaus Forkel y la reinterpretación de algunas de sus obras por Felix Mendelssohn.

La síntesis entre contrapunto, armonía y cualidad melódica que se da en la sonata en trío la convirtió en vehículo ideal para la estética barroca; Bach lo empleó con poca frecuencia, aunque con resultado sobresaliente, dotando a cada voz de bellas líneas cantabile. Esto es patente en la sonata BWV 1038, probablemente el encargo de un amateur al comienzo de la década de 1730, visto que el autor tomó para ella material ya usado en la sonata BWV 1021 que acababa de componer, y escribió la parte del violín en scordatura, procedimiento muy de moda en la época pero que Bach nunca usó en otra obra para el violín (en este caso, la afinación sol-re-sol-re aumenta la resonancia armónica natural del instrumento).

 

 

Wilhelm Friedemann fue el segundo hijo de Johann Sebastian y su primera esposa Maria Barbara, y el primer varón. Su padre supervisó con gran cuidado el desarrollo de sus aptitudes musicales, que consideró siempre mayores que las del resto de sus vástagos. Su formación está documentada en el Klavierbüchlein für Wilhelm Friedemann Bach, que recoge obras pedagógicas del padre y ejercicios del hijo. Aunque estudió después derecho y matemáticas, desarrolló su carrera como virtuoso del órgano y el clave en Dresde, Halle y Berlín. A pesar de su excelente reputación como improvisador, su personalidad complicada y su poca inclinación a componer según el gusto de otros le hicieron tener cada vez más dificultades para encontrar puestos fijos, y pasó temporadas de penuria económica en las que tuvo que vender gran parte de los autógrafos de su padre, que heredó.

Su quehacer compositivo se orientó principalmente a la música sacra y las piezas para teclado, de las que la fantasía que hoy escuchamos es un bello ejemplo. Se aprecian en ella los dos rasgos definitorios más sobresalientes de su música: el dominio de los elementos del contrapunto aprendido de su padre, y un marcado carácter improvisatorio.

 

Johann Christoph Friedrich fue el noveno de los hijos que Johann Sebastian tuvo con Anna Magdalena, su segunda mujer. Estudió música con su padre y en la escuela de Santo Tomás de Leipzig, y fue nombrado clavecinista y después maestro de concierto en la corte de Brückeburg. Aunque mantuvo rasgos de la música de su padre y sus hermanos mayores -en especial de Carl Philipp Emmanuel-, su música se adapta en gran medida al gusto galante italiano del que su empleador era adepto, mostrando en los últimos años influencia directa de Haydn o Mozart. Gran parte de sus manuscritos, conservados en Berlín, fueron destruidos durante la segunda Guerra Mundial, y sólo por referencias tempranas conocemos la gran extensión de su catálogo, abundante en sinfonías, música sacra y de cámara. Johann Christoph educó también como músico a su propio hijo, Wilhelm Friedrich Ernst.

La sonata que escucharemos hoy pertenece a una colección de seis que fueron editadas por M. Bock en Hamburgo en fecha desconocida, que en la actualidad apenas se escuchan en grabaciones o en las salas de concierto. Dedicadas a su patrón, el conde de Schaumburg-Lippe, son muestra de la primacía melódica y la textura transparente del estilo galante.

 

Carl Philipp Emanuel fue el quinto hijo del cantor de Leipzig y Maria Barbara, y el más revolucionario e influyente entre todos sus hermanos. Maestro al clave en la corte de Prusia en Postdam, su obra es una bisagra entre el Barroco y el Clasicismo, y precursora incluso de elementos románticos. Fue determinante en el desarrollo de la forma de sonata clásica, y se le considera el primer estandarte del Empfindsamer Stil –estilo de la sensibilidad-, corriente defensora de la libre expresión del sentimiento que se plasma en música mediante el contraste, la variedad armónica y la amplitud del rango expresivo dentro de una misma pieza. En el siglo XIX su obra fue poco considerada, ensombrecida por la de su padre, hasta que Johannes Brahms comenzó a recuperar y editar sus composiciones.

Los tres cuartetos Wq 93-95 que Carl Philipp escribió para flauta viola, violoncello y fortepiano datan del último año de su vida y son probablemente su última obra instrumental, mostrándonos su escritura más avanzada. Resulta evidente aquí que el compositor había perfeccionado su habilidad para componer para la flauta durante su trabajo al servicio del rey Federico el Grande, un buen flautista amateur. Se pueden apreciar infinidad de características del Empfindsamer Stil: el teclado es un miembro totalmente igualitario del ensamble, abandonando la función acompañante que tenía en el Barroco; el cromatismo se emplea para intensificar el efecto dramático; los ornamentos y embellecimientos dejan de ser decorativos para convertirse en parte integral de la expresión emocional.

 

Johann Christian, hijo de Johann Sebastian y Anna Magdalena, se formó con su padre hasta que éste falleció cuando contaba tan sólo quince años. Continuó entonces sus estudios con su hermanastro Carl Philipp Emanuel, veintiún años mayor, y después en Italia, donde comenzó su carrera como organista de la catedral de Milán. Allí se impregnó de la sensualidad de la ópera italiana, de la que se convirtió en uno de los representantes más significativos. Se trasladó más tarde a Londres, desarrollando allí la mayor parte de su carrera como Master of Music de la reina Carlota y compositor de cámara de Jorge III; dirigió además, junto al violagambista Carl Friedrich Abel, las primeras temporadas de conciertos de abono que se organizaron en Europa. Wolfgang Amadeus Mozart, formado inicialmente con su padre, tuvo en Johann Christian a su segundo maestro, a quien admiraba y quería, y de quien recibió gran influencia en la escritura sinfónica, operística e instrumental.

El cuarteto que hoy escucharemos pertenece a una colección de seis publicados en 1770 en La Haya. Nos muestran el estilo galante de un Johann Christian que prosperaba en Londres, llevándonos de nuevo a un ambiente desenfadado.

Irene Benito

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